Con sus manitas, hacía danzas azules en los cielos, y dibujaba la lluvia entre sus dedos. En una caja de cristal su universo, su mundo tan pequeño y a la vez tan extenso.

En su diario trazaba las horas de silencio, las lágrimas amargas que gritaban calladas sus recuerdos.

Su mirada expresaba la nostalgia por el anhelo de un beso, y por la alegría de escuchar un Te Quiero.

Nadie acudió a su nacimiento, su padre acunaba a su bebé junto a su pecho. Ni siquiera imaginó que no estaría presente para verle crecer, y para protegerlo.

El niño seguía callado, con sus temores a cuestas, con sus preguntas jamás contestadas, y soportando lo tratasen como alguien falto de razonamiento.

Sus paredes decoradas con trenes, de viajes al infinito, de tiburones queriendo lastimarlo, de esqueletos de dinosaurios y sus raros nombres todos bien aprendidos.

Él pasó desapercibido por el mundo, nadie hizo el intento de descubrir el suyo.

No hubo tiempo para regalarle una sonrisa y hacerle comprender que era comprendido.

¡Retraso mental es lo que tiene el niño! Han dicho sus vecinos.

¡Talvez necesite mano dura!

Para calmar su berrinchito.

Absurdo pensamiento de quien no comprende que su hijo tiene una condición de

A U T I S M O.

Le cuesta expresar sus ideas, por ello mejor las escribe.

Ha creado su propio universo al no comprender ¿Por qué del tuyo lo has excluido?

Y si pretendes sacarlo de ahí, lograrás tan solo se enfade contigo.

No tiene falta de razonamiento, su inteligencia es superior a la tuya muchas veces, y no está haciendo berrinches cuando el amor, y la paciencia te pide a gritos.

© Esperanza E Vargas